Conversaciones en el Paraninfo

(Conversaciones en el Paraninfo, reúne fragmentos de algunas charlas en las mesas del café Paraninfo, frente a la facultad.)

La inutilidad de la acción ecologista

– ¿Es posible proteger ecosistemas o áreas naturales? En mi opinión no.

Los tipos de la mesa de al lado pararon la oreja. Los que estaban conmigo me miraron con lástima pero no hice caso:

– La razón de tanto desencanto es sencilla. Quienes deciden sobre la oportunidad de proteger áreas naturales, ecosistemas o la calidad del ambiente son los mismos que utilizan a la naturaleza para hacer negocios. Entre empresas y Estado la separación es bastante difusa. Ambos son hábiles negociadores de los recursos naturales y paisajísticos a cambio de dinero y poder. Por lo tanto, resulta ilusorio, y casi infantil, pretender que recolectando firmas o reunir a 5 tipos vociferando tras una pancarta se puedan alterar decisiones ya tomadas que representan notables beneficios económicos para los interesados.

Cuando terminé este pequeño discurso se pudrió todo en la mesa del Paraninfo. Retomé la palabra para contener los oprobios y desviar las miradas torvas de la mesa de al lado:

– Intente usted detener la deforestación en las selvas del norte argentino. Solicite una entrevista al gobernador Urtubey para explicarle los beneficios de limitar la tala. Luego me dará la razón. Reúna firmas en todo el país para detener la brutalidad de dos megarepresas en Santa Cruz. Luego las presenta al gobierno nacional y más tarde me cuenta.

Ahora ya nadie me miraba. Algunos revolvían su café y otros ojeaban el diario. A esta altura ya parecía transparente en esa mesa del bar.

– Movilice 100 o 200 personas, nunca se pudo reunir más de esa cantidad, para detener la expansión sojera y el uso de agroquímicos nocivos. Manifiéstese en Plaza de Mayo y luego me cuenta. Reúna a los vecinos y marche por las calles de Villa Gesell hasta la municipalidad para exigir que detengan los emprendimientosinmobiliarios sobre la costa. Agite banderas y lea proclamas entre las 30 o 50 personas que pudo reunir. Más tarde me cuenta cómo le fue.

Algunos conversaban entre ellos, incluso los de mi mesa.

– Crucemos enfrente, a Uruguay. Intente reunir a 100 vecinos desde Punta del Diablo hasta La Paloma. Preséntense luego ante la sede de gobierno de Rocha para solicitar a Barrios que no se imponga unpuerto de aguas profundas en el lugar. Luego me cuenta el resultado. Vamos un poco más allá. Reúna a 500 personas entre agricultores y ganaderos de la zona de explotación minera de Valentines. ¿Son muchos? Vamos, usted puede, pero que sean vecinos, ¡eh! No militantes. Vaya ahora a la Plaza Independencia a solicitarle a Mujica un lógico plebiscito sobre la cuestión minera. Al otro día me envía un correo electrónico con los logros de su gestión. Haga un último intento, reúna a 20 personas (20 le digo, no más) que procedan de los Departamento de Soriano y Río Negro en Uruguay y de la provincia de Entre Ríos en Argentina. Solicite una entrevista conjunta con los gobernadores e intendentes de esos lugares para poner límite a la siembra de eucaliptos y álamos para abastecer a las pasteras. No me diga nada, ya sé.

El “Negro” Alonso ya me quería cagar a trompadas. Los otros tres, esperan que él descargara el primer golpe para asociarse con énfasis y constricción a la masacre.

– Bueno, no se desanimen -Intenté contemporizar- Tratemos de entender que es lo que está pasando. Usted y las organizaciones ecologístas, conservacionistas y protectoras de algo, creo que por lo menos han perdido la orientación. En general, y reconozco que hay honrosas excepciones, se quedan en una especie de onanismo verde insustancial e inocuo. Pretenden cultivar en las mentes de las futuras generaciones el respeto a la naturaleza y el medio ambiente sano. Quizás olvidan, o no quieren ver, que al ritmo de la devastación actual cuando esas generaciones puedan tomar decisiones ya no tendrán planeta. En 20 o 30 años este planeta, tal como lo conocemos hoy, no será igual. No sé si mejor o peor, pero seguro no será igual.

Los tres junto al “Negro” Alonso querían argumentar y no encontraban con qué.

– No es con el cultivo de alpiste en un vaso reutilizado de yogurt que se podrá detener tanta barbarie. No es haciendo malabarismos para no caer dentro de pozos negros autolimpiantes que se creará conciencia. Menos, haciendo una casita de barro anunciando que adentro está fresquito. Pero existe algo peor, las organizaciones que recaudan millones de dólares para hacer dos boludeces por año y después se dedican a viajar y dar conferencias. No les crea, son una nueva especie de zánganos que encontró la oportunidad de negocios bajo la cobertura verde. Claro, ellos dicen que el Estado o las empresas los financian. Entonces lo ponen a usted de financista o comprador de bijouterie. Que hay buena gente y con muy buenas intenciones dentro de esas organizaciones, sin dudas. Pero en conjunto son inoperantes.

A esta altura los cuatro pensaban que había tomado algo. Miraban con desconfianza los pocillos de café. No vaya a ser cosa que tuvieran lo mismo.

Hablando de la gente, -continué- también son muchos los que deberían mirarse al espejo. Creen que comprando queso descremado de vacas contentas ya está. Se consideran algo así como mujaidinesrevolucionarios que están torciendo el rumbo de la historia. Lo dicho, hay mucho de inmadurez en esas organizaciones. En general, la gente que se acerca a ellas es por la “chapa” de persona consciente y distinta a los demás. Y eso ayuda a hacer negocios y/o levantarse mujeres u hombres. ¿Está todo tan mal? Sí. ¿Podemos cambiarlo? Quizás, pero no soy muy optimista.

¿Y usted que propone con tanta letra? – apuró el negro Alonso.

– La naturaleza de la humanidad es avanzar, crear, superar dificultades y adaptarse. Necesitamos el petróleo, gas, alimentos e industrias productivas. La denominada Conquista del Desierto exterminó a los últimos aborígenes que habitaban la región. En Uruguay, la sociedad también se encargó de sacudirse de encima a los pocos centenares de aborígenes que quedaban. Es que la revolución industrial necesitaba alimentos y mano de obra barata. Los gobernantes de entonces, no dudaron en arrasar esas vidas a cambio de campos productivos y casi esclavos. Hay que reconocer, que sin esas barbaries ideadas y realizadas por cultas e ilustradas personas, posibilitaron el desarrollo económico y que usted pueda tomar café aquí, mirar partidos por el LCD o ir a veranear a Rocha, por ejemplo. Claro que, la plata que generó esas conquistas quedó en muy poquitas manos. Más o menos como ahora, ¿vio? O acaso usted cree en los supuestos beneficios de trabajo estable y bien pago para miles de personas que traerá la minería y puerto de aguas profundas en Uruguay. Pregunte cuantos miles de fraybentinos trabajan en las pasteras. Se asombrará. Recuerde que se anunciaban cientos y miles de puestos de trabajo. ¿No será que debemos buscar un equilibrio haciendo respetar las leyes?

– ¿Acaso usted recibió su cheque desde Salta? – Todos me miraron, ya con lástima y se tiraban a suertes quien me llevaría hasta casa.

– Digo, a cambio de dejar deforestar media provincia. Dicen que en Tucumán la gente camina sobre veredas de oro debido al reparto de ganancias por arrasar la naturaleza. ¿Quiere más? Pregunte a la gente que vive alrededor de la represa de Itaipú que maravillas hacen con la energía eléctrica y si piensan en viajar este año a Europa. Mientras tanto, nos conmovemos por salvar el pollito azul o el tigre de ojos celestes sin mirar como otros se llevan todo, incluyendo al pollito azul y al tigre de ojos celestes. Es que no alcanza con manifiestos, petitorios y marchas. ¿Cuánto lograron los petitorios para terminar la caza de ballenas? La misma continuó durante años hasta que se cansaron porque ya no era rentable. ¿Cuánto logró Paul Watson con su nave? Mida usted la diferencia.

– Estaba solo. Se habían ido sin escuchar el final. Tuve que pagar la consumición.

La izquierda miente

(otro fragmento de Conversaciones en el Paraninfo, el bar que está frente a la facultad). 

– ¿Ya se te pasó lo del otro día?

Apenas me vio, el Negro Alonso puso los ojos chiquitos tratando de anticiparse a mi estado de ánimo.

– La izquierda y todos esos que se hacen llamar “progresistas” son unos mentirosos, repliqué.

– ¡Uh, otra vez éste!, la puta que lo parió.

Lamentó Alonso, golpeando fastidiado con la palma de su mano sobre la rodilla.

– Bo, no vengas a ofender que te voy a “tapar” de una.

El Uruguayo Wilmar tenía apariencia de tipo malo. Además, me miraba como para saltarme encima en cualquier momento. Le había revuelto sus tripas frenteamplistas. Pero creo que era de tan feo que parecía más malo. Yo lo había visto, algunas veces, dándole de comer a los gorriones miguitas de su sándwich.

Mientras me sentaba, le hice una seña uniendo un poco el índice y el pulgar a Don Jacinto, el mozo.

– Ustedes, no solo no vacilan en entregar naturaleza y áreas naturales por unos mangos, sino que además hacen todo lo contrario de lo que dicen. Se abrazan a cualquier perro capitalista con tal de morder alguna valija con dólares. ¡Son patéticos!

Wilmar amagó a levantarse de la silla en mi dirección, pero fue amague nada más. Desistió cuando sintió la mano de Alonso sobre su brazo. Me asombró ese poder mágico del Negro Alonso, pudiendo contener a Wilmar con solo tocarlo. En el fondo parece que era un tierno, nomás.

– ¡Sos macrista, vos! Sos un puto derechista y fascista. ¡Seguro que estabas con los milicos en la dictadura!, vociferó Wilmar sacudiéndose unas migas de la media luna que cayeron sobre su pantalón.

– ¡Paren un poco, déjense de joder!, nos reprendió Graciani.

– ¡Nunca se puede conversar en paz en esta mesa! Vos – me señaló- no vengas más con esas boludeces que nos haces calentar a todos.

Nadie le hizo caso, él tampoco, pero sirvió para hacer una pausa y arrimar las sillas. Enseguida, desde mi espalda y por sobre el hombro surgió el brazo de Don Jacinto con el cortadito y dos sobrecitos de azúcar.

– Lula Da Silva reventó el 20% de la selva que quedaba anunciando deforestación cero. Bajo los Kirchner se perdió tanto monte nativo cómo cuando estaba La Forestal y florecen los agujeros de las mineras en todos lados. Decían que Repsol debería pagar por la contaminación en Patagonia pero terminaron olvidándose. Si los chavistas hubieran dejado a los yanquis hacer sus negocios sucios, quizás los daños ambientales serían menores que los actuales. Correa se hace el gallito con los diarios pero acuerda con las multis para cagar la selva que queda. Mujica vendió por dos pesos los “arenales improductivos” y metió la mega minería en el país.

Wilmar se mordió el labio inferior con los dientes superiores e inclinó de lado su cabeza pero no dijo nada.

– ¿Se acuerdan ustedes cómo pataleaban cuando Batlle anunció la pastera? Solo unos meses después, con Vázquez presidente, se volvieron fanáticos de la pulpa de celulosa. ¡Ja, ja! Son patéticos todos, y mentirosos.

– Eso lo hacen todos los gobiernos. No es necesario que sean de izquierda…, replicó Graciani.

– Lo hacen todos pero algunos que yo sé –señalé con el mentón a Wilmar- hacen campaña hablando de ecología, de gente hermosa y pacífica y terminan siendo peores que Pizarro. ¿Se acuerdan del famoso discurso de Mujica en una cumbre internacional? Daban ganas de llorar, mire. Pero revise luego lo que firmó y siguen dando ganas de llorar, a mares. El mismo tipo que hablaba de vivir en equilibrio con la naturaleza metió dos pasteras más, expropió uno de los mejores sectores de costa para hacer un puerto inútil y se desespera por que Aratirí ponga dos pesos. ¡Patético!

– Hay que generar trabajo para la gente, ¡boludo! Y con el viejo no te metas. Está haciendo todo lo posible para que haya miles de puestos de trabajo para la gente. ¿No te das cuenta? ¿Acaso te has creído que los estancieros le van a dar trabajo a la gente?, replicó Wilmar, más calmado y reflexivo que hacía tan solo un rato.

– Muy lindo todo, solo le falta la música de violines de fondo. ¿Viste cuantos miles trabajan en la planta de Fray Bentos? ¿Fuiste capaz de analizar para qué sirve el puerto de aguas profundas? Para entrar mercaderías chinas a bajo precio. Barcos más grandes – fletes menos costosos. ¿Acaso te tragaste el sapo de exportar por ahí todo lo que produce el Mercosur? A nadie le interesa salir por el Atlántico teniendo el Pacífico más cerca de Asia, pescado. Te agrego algo, ¿sabes por qué todavía no comenzaron las obras del puerto? Porque la plata la tiene que poner Uruguay. Te venden que los rusos y los chinos están interesados…. Si, ¡en cobrar esa guita! Wilmar paga, el chino cobra y te caga la costa, después se van y te dejan el problema. Igual que ocurrió siempre en todos lados. Claro que cuando ocurra eso los que firmaron no estarán.

– No es tan así…. negó Wilmar rascando con una uña una manchita en el pantalón.

– ¿Y si le dejamos de dar bola a éste? Preguntó Graciani antes de mandarse medio vaso de ginebra de un trago.

– Hay que cagarlo a trompadas por hijo de puta, colaboró el Negro Alonso.

– Yo, dijo Wilmar levantando una mano como pidiendo permiso para ir al baño en el colegio.

– Y ahora me voy a ir. Eso si, queda claro que son todos mentirosos. Mienten desde cuando se auto-denominan de izquierda o progresistas. Eso no existe, son divisiones estúpidas y anticuadas. Es lo mismo que decir los de aquella mesa o los pibes de la esquina, no existe. En realidad son tan jodidos como los otros que demonizan. Se barnizan de preocupados por la ecología y patalean cuando los demás hacen cagadas. Ahora, cuando ustedes hacen las mismas o peores cagadas y las disfrazan de acciones heroicas. ¿Saben qué es lo peor de ustedes?

-Andate de una vez, ¡pelotudo! Gritó el Negro Alonso.

-¿Saben qué es lo peor de ustedes?, insistí mientras me levantaba de la silla por las dudas.

– Qué nunca reconocen haberse equivocado. Qué nunca llaman las cosas por su nombre y que les molesta, enormemente, que los demás le señalen las costillas.

Aproveché y salí sin saludar. Sonreí, esta vez les había hecho pagar la consumición.

Tienen que irse, todos

(Otro fragmento de Conversaciones en el Paraninfo, el bar que está enfrente de la facultad.)

– Tienen que sacarlos a todos a patadas.

– ¿Esas son maneras de saludar?

Reprochó el Negro Alonso.

– ¿A quién tienen que sacar a patadas?

Preguntó Wilmar. Intuía que se venía un palo para su gallinero.

– A todos esos que ocupan terrenos y casas. Resulta que los únicos que no tienen derechos son los laburantes…

– ¿Por lo de Lugano, decís vos?

– Por lo de Lugano, los terrenos del ferrocarril, las casas tomadas en Chacarita, Palermo y San Telmo, por los terrenos al lado de la Reserva Ecológica en los que quieren meter un barrio de lujo. Por las torres de Caballito y todo el cemento que meten en los parques. En lugar de ganar espacios verdes los liquidan…  Por todo.

– ¡Por fin! Por fin dice algo coherente este pelotudo -elogió Wilmar- Estás en contra de enrejar los parques, ¡muy bien! Era hora que dejes de ser tan facho…

– ¿Estás loco? Si hay algo que me provoca un orgasmo cada vez que lo veo son las rejas alrededor de los parques y plazas. Eso de sacar de las plazas a la vagancia y a los chorros es una maravilla. Hay que sacar a los intrusos de todos lados y no autorizar ni una intrusión y ni un metro más de edificios en Buenos Aires, no hay lugar para nadie más. Hay que demoler ya mismo una parte de Buenos Aires o expulsar a un millón de personas, no queda otra.

– Sos un hijo de puta, no tenes cerebro ni corazón, bo. La gente necesita viviendas, agua, sanidad y una vida digna. ¿Cómo vas a decir eso? ¿Acaso los pobres, por ser pobres, no tienen derechos?, protestó Wilmar, comenzando a enojarse.

-¡Afuera todo el mundo! Si quieren casita a Marcos Paz, o más allá que hay campo. Acá no hay lugar para nadie más. Encima nos ahogan las plazas y parques porque los señores necesitan hacerse su ranchito. Queremos nuestros 15 metros cuadrados de verde para vivir de manera saludable, ¡ya! Así que, ¡afuera todo el mundo!, o que paguen como el mejor.

– Anda a decirle a los de la villa tu discurso, ¡pelotudo! Ahí te van a enseñar solidaridad…

– Hablando de solidaridad, zurdito fácil, ¿es cierto que la UNASUR se reunirá de urgencia para protestar en contra de la base china en la Patagonia? Porque ustedes hicieron bastante barullo con las bases norteamericanas en Colombia, ¿se acuerdan? ¿Será que según quién ustedes se ofenden? ¡Qué fáciles que son, muchachos! También, mucho no se puede esperar. Si llaman gobierno democrático al de Venezuela… qué falsos que son, ¡por favor!

– Qué dice este salame? Intentó desentenderse Wilmar.

– Claro, te haces el bobo, es que todavía no me explicaste lo del repentino amor de la izquierda uruguaya con las pasteras o la minería. Me imagino el quilombo que estarían haciendo si el que promueve a la minería fueran Lacalle o Batlle. Además, qué ofendidos estarían con la base en la Patagonia si fuera de Estados Unidos. ¡Falsos! Y acá son peores que ustedes. Se dan veleidades de progresistas y amorosos con el pueblo pero resulta que la miseria y pobreza tiene explicación en los fondos buitres. ¡Déjense de joder con la ideología! Ustedes no tienen, no tienen nada aparte de conseguirse un trabajo bien pago en el Estado haciéndose los populares. Todos garcas, son. Todos garcas. ¿Se acuerdan cuando apoyaban al tuerto contra los uruguayos? ¡Qué vergüenza! Al final resultó que las 15 pasteras que tiene Argentina, si, dije 15 y hay más, eran obsoletas y contaminantes. Entre todas no podían producir lo mismo que la de Fray Bentos. ¡Por eso la guerra de las pasteras! Le sacaba mercado a las de acá. Y ustedes fueronmansitos a levantar carteles al puente, ¡qué manga de pelotudos!

– ¡Che, gallego! Tráele un vaso de agua a este idiota que está atorado de tanto veneno. Grito entre el barullo el Negro Alonso.

Wilmar se acercó a mi cara y me dijo bajito, ¡das asco! Y se fue al baño.

Apareció Don Jacinto con el vaso de agua. Se miraron Alonso y Graciani y se echaron a reír. En realidad había hablado para hacerme callar.

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