Demoler Buenos Aires


demolerft

Demoler Buenos Aires

Artículo publicado en Refugios Naturales el 20 de febrero de 2012.

Walter Raymond

Para terminar con el agobio y hacinamiento de la ciudad y mejorar la calidad de vida de sus habitantes, habría que decidir demoler 2.446 manzanas transformándolas en parques, plazas y jardines, o trasladar a mejores lugares de vivienda, fuera de la ciudad, al excedente de 1.654.000 personas.

Actualmente la Ciudad de Buenos Aires tiene capacidad para albergar, de manera eficiente y saludable, a un máximo de 1.236.000 habitantes. Sin embargo son 2.890.000 las personas que habitan la ciudad. La primera consecuencia de este hacinamiento es la pérdida generalizada de calidad de vida para sus habitantes.

Este dato surge del análisis de la relación de cantidad de espacios verdes por habitante recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS). La entidad recomienda una relación óptima de 15 metros cuadrados de espacios verdes por habitante. Para obtener una relación saludable de la población actual de la ciudad con su entorno, se requiere que 1 de cada 5 manzanas sean espacios verdes. Pero estamos muy lejos de este ideal.

Demoliendo Buenos Aires

La superficie total de la ciudad equivale a unas 20.200 manzanas. De acuerdo a la cantidad de población actual y la recomendación de la OMS, se necesitarían 4.335 manzanas de espacios verdes. Las áreas verdes actuales, incluyendo los canteros de la Avenida General Paz, conforman una superficie equivalente a 1.854 manzanas. Para lograr una ciudad saludable se debería encarar la demolición de 2.446 manzanas. Un área equivalente a la superficie de los barrios de Palermo, Belgrano y Colegiales juntos.

En resumen, para terminar con el agobio en la ciudad y mejorar la calidad de vida de sus habitantes, habría que demoler 2.446 manzanas transformándolas en parques, plazas y jardines o trasladar a mejores lugares de vivienda, fuera de la ciudad, al excedente de 1.654.000 personas. Ambas son medidas drásticas, efectivas, brutales e inhumanas.

Setenta balcones y ninguna flor

El problema no es nuevo, solo es que a través del tiempo poco o nada se ha realizado para resolverlo. A principios del siglo pasado el poeta Baldomero Fernández Moreno señalaba el alejamiento, y quizás también desprecio, del habitante urbano para con su entorno natural. Su poema “Setenta balcones y ninguna flor” es una pintura de la incipiente degradación ambiental urbana. Jorge Luis Borges calificó a su autor como revolucionario por su capacidad de saber mirar alrededor y captar lo que otros no percibían. Dos visionarios.

¿Será que hoy, además del verde, también hemos resignado la poesía? Se transita la ciudad tratando de no mirarla. Los escasos versos que se le dedican hablan de épocas pasadas o del desamor hacia su habitante. Es que lo que se percibe de la ciudad no resulta edificante. El panorama es de cemento y, en muchos casos, de suciedad. Los escasos espacios verdes, en su mayoría, están descuidados y son refugios de desvalidos e indigentes. La delincuencia a toda hora y lugar, pone en riesgo la integridad de personas y bienes.

Aborde usted el transporte subterráneo o uno de superficie. Invariablemente tendrá que viajar entre la mugre, el apretujamiento y olores desagradables. Casi todos los transportes carecen de aire acondicionado en una ciudad cada vez más tropical. Quizás este agobio exprese, de alguna manera, el grado de consideración que los dirigentes tienen hacia sus ciudadanos.

A la caza de espacios verdes

En ese contexto, resulta inquietante que sigan autorizando nuevos proyectos inmobiliarios que solo agregan cemento lujoso a la ciudad. Edificios torre en barrios donde las cloacas no dan abasto, el agua que no alcanza y arruinando las terrazas y medianeras circundantes. Existe un proyecto de nuevo barrio privado a orillas de la Reserva Ecológica y del Río de la Plata. Más torres para seguir agobiando a Buenos Aires y alejarla de su río.

Se dice que estos emprendimientos aportan una mayor recaudación de impuestos a la ciudad y que estos se transforman en mejor calidad de vida. Ahora bien, ¿los impuestos que ha pagado el mega proyecto de Puerto Madero, le han permitido a usted viajar mejor por la ciudad?

La demagogia, practicada con mayor o menor ahínco por todas las administraciones, agrava la ya difícil situación de la Ciudad de Buenos Aires. Se permite, y en muchos casos se estimula, la expansión y creación de nuevos asentamientos precarios sobre terrenos sin edificar. En todos ellos se promete y garantiza la urbanización y construcción de viviendas. Pero esto se hace en espacios que debieran ser destinados a sumar superficies verdes en una ciudad escasa en ellos.

Todas las personas tienen derecho a una vivienda digna, es un derecho indiscutible. Pero agregando cemento y calles en cualquier lado, lo único que se ha logrado hasta ahora es degradar la calidad de vida de todos. Incluyendo a los nuevos propietarios. Apenas terminan de festejar su acceso a la vivienda reparan que no tienen espacios de esparcimiento y les falta verde. Toda una paradoja.

Las agrias manzanas de cemento

La rápida urbanización mundial produce cambios importantes de los modos y niveles de vida, comportamiento social y salud. Se estima que en el año 2050, 7 de cada 10 personas habitaran en ciudades. Una cuenta rápida nos dice que más de 28 millones de personas habitarían los centros urbanos de Argentina. ¿Cuántos en Buenos Aires?

Si bien en las ciudades el acceso a los servicios y la esperanza de vida es mayor, en ellas también se concentran amenazas tales como “…las deficiencias de saneamiento, contaminación (diversa), accidentes de tráfico, brotes de enfermedades infecciosas y los modos de vida malsanos” según la Dra. Margaret Chan, Directora General de la OMS.

“Muchas ciudades se enfrentan a un triple amenaza; la diabetes, el cáncer o las cardiopatías, que aumentan con los modos de vida poco saludables como el consumo de tabaco, la dieta malsana, la inactividad física o el uso nocivo del alcohol. Y los accidentes de tráfico, las lesiones, la violencia y la delincuencia.” La planificación urbana es esencial para la salud pública. OMS, Ginebra, Abril 7 de 2010.

Ciudad de ratas

Se colocaron varias ratas de laboratorio en un entorno en el que, protegidas de enfermedades y predadores, y provistas de agua, comida y cobijo, se reprodujeron rápidamente. Lo único que les faltaba era espacio, problema que se fue agudizando a medida que “La ciudad de ratas” se iba superpoblando.

“La frecuencia de los contactos sociales no deseados aumentó, produciendo un incremento del estrés y las agresiones. Era luchar o huir, pero en ese entorno cerrado la huida era imposible. La violencia aumentó rápidamente hasta quedar fuera de control. Le siguieron el canibalismo y el infanticidio. Los machos se volvieron hiper sexuales, pan sexuales y, con frecuencia creciente, homosexuales.”

“La población se redujo, acercándose a la extinción. Al final de los experimentos, los pocos animales que quedaban habían sobrevivido con un costo psicológico inmenso: sin actividad sexual y totalmente retraídos se apiñaban en una masa sin ocupación. Incluso después de re – introducirlos en comunidades normales de roedores, estos animales “socialmente autistas” permanecían aislados hasta la muerte.”

Lo anterior, es el informe del ecólogo John B. Calhoun, sobre una serie de experimentos llevados a cabo en el Instituto Nacional de Salud Mental (NIMH) de los Estados Unidos y publicados en Scientific American en 1962. Fue reproducido en el trabajo “El animal urbano: densidad de población y patología social en roedores y en el ser humano.” Por Edmund Ramsden. Boletín de la Organización Mundial de la Salud 2009.

Setenta balcones y ninguna flor

Setenta balcones hay en esta casa,

setenta balcones y ninguna flor.

¿A sus habitantes, Señor, qué les pasa?

¿Odian el perfume, odian el color?

La piedra desnuda de tristeza agobia,

¡Dan una tristeza los negros balcones!

¿No hay en esta casa una niña novia?

¿No hay algún poeta bobo de ilusiones?

¿Ninguno desea ver tras los cristales

una diminuta copia de jardín?

¿En la piedra blanca trepar los rosales,

en los hierros negros abrirse un jazmín?

Si no aman las plantas no amarán el ave,

no sabrán de música, de rimas, de amor.

Nunca se oirá un beso, jamás se oirá una clave…

¡Setenta balcones y ninguna flor!

Baldomero Fernández Moreno

Artículo original de Walter Raymond. Basado en el análisis de estudios publicados por la Organización Mundial de la Salud OMS, y datos proporcionados por el Banco de Datos de la Ciudad de Buenos Aires GCBA e INDEC.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s